La iglesia de Lugás, Villaviciosa,  recuperará  el reloj de sol  pintado en la fachada desde 1822

 

“TEMPUS FUGIT”: Agustín Hevia Ballina, Párroco de Lugás, Archivero de la Catedral. Miembro de ASPET

 

 

El tema que me propongo desarrollar, queda suficientemente sugerido por la divisa, que adorna múltiples relojes,  expresiva de la profunda filosofía del paso inmisericorde del tiempo, puesta de relieve desde las famosas coplas de Jorge Manrique: “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir”, allí a donde inexorablemente van a parar las horas de la vida.

 

No encabezaría mi reflexión con estas palabras si no es porque voy a referirme al paso del tiempo, a su medición y medida. En una palabra, a los relojes, que miden el tiempo, esa divinización que  exaltaron los romanos, como Cronos, que, junto con Gea, la Tierra, constituye una pareja primordial.

 

Clepsidras o relojes de agua, relojes de arena o ampolletas, relojes de péndola, cuadrantes, relojes de pared, relojes de torre, relojes de sobremesa, relojes de pulsera, relojes de bolsillo o savonetas o relojes roscof, cronómetros o cronógrafos, horómetros u horologios, horarios o despertadores, relojes de luna, relojes de sol, relojes canónicos o para mensurar por el sol las horas de Oficio divino, como el que existe en SWanta María de la Olive de Villaviciosa, meridianas, pelecinos,  horologios, reloxes de campana,  extraplanos o acompañantes, metrónomos o relojes de sobremesa, relojes solares y relojes de flora, relojes de longitudes o marinos, relojes de música y relojes de repetición, relojes clementinos o relojes magistrales, relojes de cuerda o electrónicos,  relojes astronómicos, relojes, en una palabra, como un continuo sucederse de nombres y de invenciones, con que medir el tiempo, con que percatarse de la hora del día en que nos hallamos, porque esa elemental constatación de que el tiempo se nos escapa como la arena por entre los dedos de la mano,  como el agua que discurre río abajo, en búsqueda azarosa del maraporta un enfoque especil para dar auténtivo valor al tiempo

 

Novilunios  y equinocios, solsticios y  noches de luna llena y lunas en crecientes o menguantes, mensurables quizá a lo largo de la historia de la humanidad por relojes de luna. Sucesiones de noches y días, de tardes y mañanas, de vigilias y  dormiciones, de despertares y sueños, sometidos al influjo solar, mensurados por horologios solares o relojes de sol. Horas, minutos y segundos, semanas y meses, hebdómadas y menologios, años y lustros, siglos y eones, cronologías y crónicas, cómputos y computaciones,  tiempos y cronografías ininterrumpidas,  una filosofía perenne de los trabajos y los días hesiodeos, para acomodar ritmos y sucederse de tiempos y circunstancias , un sabbat ininterrumpido, un “dies dominicus” o “un día del Señor”, que tanto puede ser un Domingo para la fiesta cristiana, como  una “domínica” para el culto pleno a Dios, haciendo representación del supremo sacrificio de la Eucaristía , con unos días feriados, en que puede laborarse sin incurrencias que impidan  el dedicarse a las más esenciales tareas del vivir humano, con calendarios lunares o solares, con unos momentos para el solaz y otros para el descanso en la hora sexta, que se trasvasará   en sus aplicaciones prácticas, a la siesta, con unos nombres de meses, con calendarios de nombres de divinidades o días de la semana, en que honrar a los dioses,, que se consideraban más influyentes en la vida humana, con dedicaciones s a la Luna, a Marte, a Mercurio, a Júpiter o Jove, a Venus, para llegar al descanso sabático y reposar en el día del Sol, que para los cristianos no es otro que el Señor Jesucristo; con meses marcados por Idus, por Nonas y por Kalendas, que devinieron en fiestas del Señor, de la Virgen María y de los Santos de la veneración cristiana.

 

.Con una divagación sobre el reloj de sol de Lugás.

 

Hago recordación primero de nombres  famosos en  sus relaciones con  el tiempo: el sacerdote caldeo o  babilonio, Beroso; el matemático Eratóstenes, el Arquitecto o tratadista de Arquitectura Vitruvio y su discípulo Marco Cetio Faventino. Buscaban ellos acercar la ciencia del tiempo a los saberes más prácticos de la vida humana. Por ellos aprendió la humanidad la ciencia de la gnomónica o la de construir un reloj de sol.

Son cientos, quizá millares los que, en diferentes partes del mundo tiene recensionados, catalogados y estudiados la Asociación de Amigos de los Relojes de Sol. A ellos debo la oportunidad de acercarme al que para mí constituye como si fuera el único, que se lo he facilitado, con pelos y señales, para incorporarlo a su censo.

 

Quiero referirme, como es obvio, al que se halla pintado en la pared sur del crucero de la Iglesia que me resulta como la más querida, por haber estado vinculado a ella desde mi Bautismo, mi queridísima -el epíteto me resulta solo aproximativo- Iglesia de San María de Lugás.

 

Hace bastantes años que lo tengo documentado, aún hallándose hoy casi borrado por la erosión y el paso de los años. De él tengo yo recogida, tomada del Libro de Fábrica parroquial la siguiente mención: “ se pagaron  a Fray Hilarión monje exclaustrado de Corias, por virtud de nuestro Gobierno Constitucional, la cantidad de 140 reales, con más otros 130 por la manutención y otras cantidades más limitadas, por el albayalde

Y la linaza, necesarios para su confección. Año 1822”.

 

A mi amigo Javier Llera Fueyo, especialista en ganomónica o ciencia de los relojes de sol, debo la fotografía  de la reconstrucción casi exacta del reloj sobre el papel que testimonian su perfección y exactitud. Con todos los cálculos pertinentes demuestra  mi amigo que la iglesia sigue la orientación Este-Oeste, con un ángulo de desviación de  13,5 grados, habiendo obtenido, con los cálculos rudimentarios de su tiepo, el monje Fray Hilarión una aproximación que supera los 12 grados y medio, es decir una aproximación que se traduce en segundos, en la marcación de la hora meridiana, las doce, así como las demás horas, de una exactitud casi cronométrica para las horas y las medias. En palabras de mi amigo sería posiblemente el más perfecto de Asturias.

 

Ante esa apreciación para mi tan valiosa, ya estoy buscando un mecenas que me permita recuperarlo y puedo adelantar que ya casi estoy en puertas de tenerlo.

 

Volveré sobre el tema, con otras apreciaciones casi poéticas,  como el casi “milagro de la luz equinoccial en San Juan de Ortega de Burgos, que tanta implicación tiene cons los relojes de sol.