Vicente Alonso

Durante siglos el burro fue el mejor compañero del hombre, imprescindible como animales de carga, o en las  duras tareas diarias de  trabajo en el campo. Pero   hace ya bastantes años que  parece se han quedado sin utilidad por la llegada de las máquinas y mecanización de la agricultura, hasta el punto de que en muchos  lugares   está siendo  un animal en extinción.

Esto no ocurre en  la aldea  de La Magdalena, Villaviciosa, donde los hermanos Ramón y  Antonio Sánchez Vitienes  de 88 y 86 años, tratan a Pantoja, Negra, Cuca y Luna como  auténticas reinas. “Para nosotros ahora es el animal de compañía,  como nuestras mascotas.   Antes en los pueblos  había  uno o dos burros en todas las casas. Nosotros hasta la jubilación teníamos  seis u ocho, además de   vacas, caballos,  ovejas, gallinas y perros.   Ahora  ya solo tenemos cuatro burras, que son más dóciles que los machos. Y las que mejor nos ayudan a mantener limpios nuestros prados, fincas y huertas,  incluso mejor que los caballos”, explican estos hermanos

Apuntan  Ramón y José Antonio que los burros son animales trabajadores incansables,  resistentes y fuertes, pero que fue un animal muy maltratado,  al que se le daban palos,  se  les hacía pasar hambre,  o se les ponían cargas pesadísimas. “Todavía nos acordamos  cuando nuestros padres  y abuelos bajaban en burro al mercáu de La Villa. Los llevaban con les parigüeles llenas de patatas, pitos, gochos,  y un poco de todo  lo que había en el campo para vender  y traer un poco de pescado a casa, y  ellas o nosotros íbamos sentados encima”, rememora José Antonio. Su hermano Ramón añade,  “se les llevaba con una gran carga de maíz para ir a los molinos cercanos de Sebrayu o La Sota, y volver cargadas de ‘fariña’ o de castañes de la ‘cuerria’ que había en los montes. Antes eran el mejor ayudante en las labores del campo y  el único  transporte que teníamos” recuerdan estos vecinos del barrio de   El Vallín.  

Como ejemplo de que el nombre de estos animales no se corresponde con el significado que se le quiere dar, Ramón pone un ejemplo. “Yo siempre oí a nuestros abuelos que antiguamente cuando se quería hacer un ‘camín’ de un pueblo a otro, primero llevabas al burro y por donde volvía se hacía el camino,  porque   seguro era la mejor opción. Eran los mejores ingenieros”.  José Antonio, también  cuenta que los burros son más listos de lo que parece, “Si intentas subirlos o bajarlos por un prau cuesto, siempre elegirán la mejor opción, van girando hasta elegir la forma más descansada y cómoda de caminar”

 

Ramón y Antonio con sus burras en el Vallín

Recuerdan los hermanos Sánchez  Vitienes que estos animales domésticos  son muy resistentes y trabajadores incansables, y  aunque testarudos son muy  dóciles, leales  y  tranquilos.     “Son muy buenos   y parece  que hasta  nos conocen. Cuando vamos a verlos al prau vienen a  recibirnos, aunque solo sea porque les llevamos pan, una comida que les gusta mucho que les  damos de nuestras manos. Hasta hablamos con ellos”

Y aseguran Ramón y Antonio que aunque siempre fue un animal maltratado, y muchas veces abandonado, “esto ha cambiado, ahora se es mucho más sensible con los animales. Nosotros  los tratamos muy bien, les damos buena comida, tienen todos los papeles en regla, y cada dia los recogemos a la cuadra donde antes teníamos las vacas.   Nos alegra que puedan volver a los pueblos para llevar una vida tranquila y digna. Antes ellos nos ayudaron a nosotros, ahora somos nosotros  los que tenemos que cuidarlos y protegerlos a ellos”.

 

Un ejemplo del que tomar buena, el de estos sabios  hermanos  de Villaviciosa