Por una vez, la historia no solo gira en torno a nosotros mismos, a nuestra vida, nuestros complejos, nuestros errores o nuestros sueños...

 

Por una vez hay que meditar e ir más allá.

 

Por una vez hay que parar. Detenerse a escuchar; observar y respirar. Pero ahora desde casa, encerrados, deseando hacerlo en plena naturaleza. Sí, esa que llevamos años y años maltratando a nuestro antojo.

 

Por una vez hay que pensar en los demás. Porque este perverso bicho ha conseguido globalizar el planeta mucho más que el dinero, el libre comercio o la emergencia climática que todos juntos hemos generado.

 

Porque esta muriendo gente, a centenares, y porque esto no va de ti y/o de mi, sino de nosotros.

 

Por una vez ya no hay diferencias de género, de clase, de raza... Ni siquiera de edad; porque este virus no le hace ascos a nada ni a nadie.

 

Por una vez somos los hijos y los nietos quienes nos preocupamos por nuestros padres y abuelos. Tenemos miedo que se contagien, ya que son los más débiles en esta pandemia. Y quien no lo tenga miente o, simplemente, no será merecedor de ningún tipo de preocupación por él cuando todo esto pase.

 

Por una vez nos sentimos indefensos ante lo desconocido. Vulnerables por no saber qué hacer o cómo enfrentar la situación. Nos sentimos débiles al saber que se nos escapa de las manos.

 

Por una vez no podemos tener el control sobre nuestras vidas, ni siquiera un poquito. Todo se vuelve incierto y ante la incertidumbre nos invaden los nervios y la ansiedad.

 

Por una vez vamos a aprender a ser honestos, solidarios y valientes. Valientes, como lo están siendo todos los que cada día salen a la calle a plantarle cara al maldito bicho. Y no voy a enumerarlos porque todos ellos saben quienes son.

 

Por una vez lograremos un cambio, personal y global. Aprenderemos a creer en lo que no podemos ver ni tocar y a nunca más menospreciar lo que en algún momento, ahora lejano, no tuvo mayor importancia.

 

Por una vez diremos que de esta saldremos más fuertes y más unidos. A algunos se les olvidará tras tomar unas cañas la primera semana de libertad pero a otros (confío que la mayoría) no se nos olvidará. Jamás.

 

Por una vez no aplazaremos con burdas excusas esos cafés, ni pospondremos esa visita a nuestros abuelos. Valoraremos lo que realmente significa la absoluta libertad de ser libre para correr, besar, abrazar y tocar sin restricciones.

 

Por una vez conseguiremos ser uno y aplaudiremos con más fuerza que nunca. Pero esa vez observaremos los edificios desde abajo, como quien viese a una especie de gigantes que te han ofrecido cobijo todo este tiempo.

 

Por una vez seamos humanos.

 

Y, por favor, que no se nos olvide demasiado rápido.

 

Solo por esta vez.

 

Bea Fernández.

Para  saber más de Bea  y  su blog InsideTheWords

https://insideofthewords.wordpress.com/que-es-inside-of-the-words/