Vicente Alonso

El villaviciosino Manuel Tuero Secades   es  el director general de la Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado (BOE).  Licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo, es técnico superior de la Administración y  anteriormente a su actual cargo ya ha  desempeñado su  labor profesional, en la Secretaría General de la Junta de Castilla-León, en la Dirección General del Secretariado del Gobierno, o en la Dirección General de Calidad Ambiental del Ayuntamiento de Madrid.

 

 Entrevista Manuel Tuero Secades. Director general del BOE

 El Boletín Oficial del Estado tiene la misión de que las leyes y los actos de la Administración entren en vigor y sean eficaces. ¿Cómo es la vida del Director del BOE?

Precisamente la tarea condiciona la vida personal en cierta medida. Lo principal es que el BOE funcione con precisión matemática al servicio de la Corona y del Gobierno, pero también esa tarea necesita su equilibrio con la actividad personal y familiar. Un trabajo exigente en el tiempo exige cuidar otros factores, tanto espirituales o la relación con los demás. Si eso no se hace, se corre el riesgo de convertirse en un instrumento desafinado, que hace ruido, en casa y en el trabajo.

La actividad política es sacrificada. La Gente percibe la actividad política como un conjunto de privilegios. Le puedo decir que he visto varias veces como un miembro del Consejo de Ministros no ha podido asistir al entierro de su padre o madre, por no cancelar una reunión de trabajo con la Canciller Merkel en Berlín o asistir a una cumbre europea. Ausencia  que habría causado un perjuicio a los intereses de España. Quiero decir que hay momentos en los cuales España exige todo. Pero esa forma de exigirlo todo no es posible de manera permanente. Eso rompe a las personas.

 

 ¿Es posible para un profesional que dirige un servicio esencial del Estado atender la vida familiar, especialmente cuando se tienen tres hijos pequeños?

Si. Es posible. Pero es preciso tener interiorizado que atender a tu familia es el único negocio rentable que la vida nos presenta. Existe el riesgo de emplear mucho tiempo en una afirmación profesional que normalmente esconde una vanidad notable.

 Toda esa dedicación excluyente de lo personal es, en el sector público, castigada de forma inmisericorde: todos los altos cargos tenemos un destino igualatorio: el cese. Cuando esa situación inevitable llega, puedes encontrarte sin trabajo y sin familia. Realmente el desorden de la necedad se paga muy caro. Por ello nunca hay que perder de vista el bordillo de la acera.

 Hay que estar totalmente desprendido del puesto conociendo que nuestra posición (que es de servicio) es totalmente transitoria. Si eso se olvida, la posibilidad de alcanzar la humildad por un ridículo estridente es más que probable.

 

 

 

Usted ha trabajado al servicio de diversos Gobiernos,  ¿Es fácil para un profesional adaptarse a distintos estilos de hacer? ¿Recuerda alguna anécdota humana?

Es un reto para un servidor del Estado ser capaz de realizar con la mayor profesionalidad un trabajo que se mueve en un entorno político cambiante. Un funcionario tiene que conocer el espacio en el que se mueve. Tener empatía con su interlocutor, ser flexible, jamás proyectar su esquema ideológico sobre lo que hace. Por supuesto eso no quiere decir que se haya de obedecer algo ilegal o que perjudique los derechos de los demás. Pero hay un código no escrito que es preciso conocer y que se basa en la lealtad institucional y personal.

 En la Alta Administración hay que evitar la palabra “NO”. Se tiene que sustituir por “hasta cierto punto”. Esa es la singularidad de lo público. Es un mundo lleno de matices en el cual se hacen las cosas atendiendo a sensibilidades muy diversas y siempre en beneficio de otro.

Adaptarse también es algo que la edad facilita. Con la edad y los golpes, nos hacemos menos críticos porque somos más conscientes de nuestras limitaciones intelectuales y personales. Somos más flexibles. Nada nos llega realmente a ofender profundamente. Es más fácil disculpar. No juzgar. Vivir. Sonreír.

 No obstante, la percepción que el ciudadano tiene de los políticos está enormemente sesgada por la ideología y creencias que cada uno posee. A veces esas creencias del ciudadano son muy epiteliales, son impresiones emocionales absurdas aumentadas por una desinformación notable, causada por los medios de comunicación digitales o la televisión, que estimulan acciones mentales no reflexivas.

Ese es un grave problema. Una reflexión  política sin fundamento antropológico. Problema que no solo tiene el ciudadano sino también algunos políticos que ejercen su función sin una visión de servicio producto también de una formación deficiente.

  No obstante, cuando se produce una cercanía profesional al Poder, normalmente, la percepción de la calidad humana y profesional es buena. Nadie está día y noche trabajando por un proyecto de “autoafirmación personal”, para que los demás hagan “lo que a uno se le ocurre”. No he conocido, salvo gente perturbada, que tuviese esa visión de proyección de su voluntad como dominio sobre los demás. Normalmente  existe una visión de beneficio del prójimo.

 

 

 

 ¿Cree que los políticos son una clase privilegiada?

Sé que lo que digo no es compartido por la gente que ve la función política como una atribución de privilegios singulares, pero yo creo que, a pesar de lo que parece,   los políticos no tienen mecanismos compensatorios del poder que puedan sostener una afirmación constante del yo sobre el tú.

Los  signos externos de los que no disfruta un particular, no son capaces de satisfacer el propio ego más allá de una semana. Al final un coche oficial o la asistencia frecuente a ciertos actos sociales madrileños son un  cansino engorro en el que hay que gestionar un número infinito de pelmas.

 No existe un Presidente del Gobierno o un Ministro que carezca de condiciones especiales, personales o de liderazgo para serlo. Es muy raro, aunque posible,  ser Ministro y tonto.

Yo conocí hace veinte años a don Pedro Sánchez en un curso del IESE del que yo era tutor. Puedo asegurarle que pasados esos veinte años, recuerdo solamente dos personas de los ochenta matriculados: al actual Presidente y al Primer Secretario de la Embajada de Francia. Ambos eran gente llamativamente especial por su liderazgo y condición.

Hace treinta y tres años conocí  a don José María Aznar y puedo decir lo mismo y también de los Vicepresidentes del Gobierno. Los he conocido a todos durante los  Gobiernos Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez y puedo asegurarle que  son gente magnífica, humana y profesionalmente.

Yo tengo una visión positiva de las personas que encarnan el Poder político. Creo que es siempre posible entenderse con los demás ampliando el círculo de los intereses hasta que se encuentran puntos de vista comunes. Todas las personas compartimos esquemas mentales y un conjunto de sentimientos. Ese ámbito es más mucho más amplio que lo que nos separa.

Creo que esa ampliación del círculo común de intereses es fundamental para la estabilidad política.  Pienso  que la defensa de la dignidad de la persona y de los derechos fundamentales, tal como dice la Constitución, son el fundamento del Orden Político y de  la Paz social. Salvo opciones no homologables en Europa, que las hay, el espectro político español, por supuesto bajo la Corona y la Constitución, converge en valores permanentes de lo humano.

 

 

 

 

¿Puede darme un ejemplo de lo que dice, sobre los mecanismos compensatorios, tiene alguna anécdota personal?

Si. Yo organicé el cambio de carteras entre los vicepresidentes del Gobierno Aznar y del Gobierno Zapatero. Esperé a pie de bordillo en el Palacio de la Moncloa la llegada del Vicepresidente saliente, que era el señor Arenas. Llego en un Mercedes azul blindado con dos coches de escolta y protección aérea con un helicóptero de la policía sobrevolando el entorno.  La misma comitiva recogió en la sede de Ferraz a la Vicepresidenta  Fernández de la Vega. Se hizo el intercambio de carteras. Seguidamente acompañé a pie de bordillo al Vicepresidente saliente. El Mercedes azul, los coches de escolta, y el helicóptero  se convirtieron en un skoda Octavia gris que llevó al señor Arenas al AVE.

Recuerdo perfectamente la sonrisa de complicidad del ex vicepresidente.

 

 ¿Cómo ha vivido usted el Estado de Alarma?

He tenido un trabajo muy intenso. Preparando primero el teletrabajo y luego gestionando 22 diarios extraordinarios en circunstancias difíciles. He tenido jornadas desde primera hora hasta las cinco de la mañana y he asistido al trabajo todos los días de la semana, incluyendo sábados y domingos y toda la Semana Santa. Por supuesto no he venido a Villaviciosa desde la última Navidad ni he podido ver a mi madre.

Mi familia estuvo recluida como todas las familias que han cumplido la ley. Han aprovechado el tiempo para mejorar sus estudios musicales, la lectura y han tenido sus clases de manera telemática.  Ha sido una experiencia positiva. No me gusta nada que a las personas que han permanecido confinadas se considere que han hecho algo heroico. De ninguna manera. Lo heroico es lo que ha hecho el personal sanitario en la primera línea de atención primaria y hospitalaria. Los demás no. No hemos sido héroes. Hemos hecho lo  que es preciso hacer por la Comunidad social en la que vivimos.

 

 ¿Qué proyectos tiene en Villaviciosa?

Villaviciosa es mi sitio. Mi ilusión y la de mi familia. A mi mujer le gustaría vivir en Villaviciosa y a mis hijos estar permanentemente en Fuentes. Cuando nos vamos a Madrid, mi hijo pequeño se enfada conmigo porque él quiere vivir aquí y dedicarse a la agricultura. Todos quieren tener un perro y estar aquí. Personalmente estoy totalmente vinculado a Villaviciosa. Mi familia paterna vivía ya en Villaviciosa en 1680 y mi familia materna en Oviedo desde idénticas fechas.  Seguramente era así desde mucho antes.  Quiero decir que Asturias y Villaviciosa forman parte de lo que somos y mi proyecto vital pasa por esta tierra.

Por eso estoy haciendo una plantación de manzanos y me gustaría hacer de esa actividad algo más que  una mera afición y convertirlo en una actividad profesional empresarial. Como ve, de ilusiones se vive.