Fátima, sus piernas competán

con ña velocidad del viento.

 

Fátima, su ondulante figura superaba

las curvas de las olas.

Fátima, su negro pelo, ondulado en el aire,

dejaba tras de si la serenidad de los que

saben ser pacientes, de los que heredaron

el saber de Pueblo Antiguo.

Fátima, sus ojos azabache se abren,

como abrazo del amigo, atrayendonos

a sus profundidades, tras un largo y

escabroso deambular, obligándomos a

indagaren la Historia de su Pueblo.

Fátima, sus piernas perdieron la velocidad

del viento; su negro pelo adquirió el color

de la espuma de las olas; su ondulante figura

se contrajo, como si por ella pasaran miles

de años. y. Sus ojos ... abandonaron el brillo ,

que proponía futuro.

Fátima, se muere de pena. Su rostro no

iradia cólera, ni ira. Sí impotencia, asombro

y esperanza.

Me sigo aferrando a la Fátima que compite

con el viento por la playa de Gaza; a la

Fátima de ondulante figura, pelo negro

como la noche más noche y ojos ,,, de

azabache milenario.

 

Autor; Andrés Huerta Suárez