“LA NANA” – Relato corto de Lourdes Morte
La voz se me rompe al final de las frases. Encuentro algo extraño en ello, algún vago recuerdo que no sé apreciar. Augurios no demasiado buenos de un pasado que se repite.
Con la dificultad de resolver cada final de una frase aparecen otras situaciones reconocidas también, un cuerpo demasiado seco que reclama agua como si hubiese estado atravesando un desierto durante largas jornadas y llegara exhausto a la fuente del primer pueblo que tras kilómetros recorridos encuentra por fin. La necesidad de dejar la rutina y los malos ratos vividos, bajo un techo que ya no refugia ni tan siquiera de las nimiedades que en otros días no tuvieron importancia, pero que tras años de espera y de esperanza, se tornan ahora imposibles de sostener sobre un cuerpo debilitado por el propio peso de aquellas.
El silencio ante la frustración de saber que no hay vuelta atrás. Solamente esperar a que llegue el día adecuado para el adiós, y ponernos uno frente al otro y reconocer que es ya tiempo sin vida. Que lo que nos queda está completamente vacío sin ni siquiera nada más que nada.
Años de amor torturado y de grietas que se sostuvieron por demasiado tiempo separando caminos. Años sombríos al borde de la gran locura del mismísimo abismo. Palabras intrépidas atrapadas en nuestros cerebros insistiendo que no deberíamos haber permitido escucharlas siquiera. Pero no es tan sencillo arrojar a los lobos por el precipicio. El sufrimiento no existiría ni permitiría crecer.
Manos, codos, muñecas enrojecidas me avisan de que el cuerpo extrae por la piel los devastadores momentos que no se llevó ningún viento. Una sensibilidad multiplicada por diez hace un barrido a mi vida y se queda en el lugar que más feliz fue. Mera supervivencia. Poros abiertos, disparados a la velocidad de la luz. Son emociones. Si se embarullan ya no protegen y por ello les canto una nana y las pongo a dormir, con el cuerpo acurrucado porque soy vulnerable. Muy vulnerable.
Lourdes Morte