Roble, ¡oh gran roble!, orgullo de la naturaleza. Sabido es que no pronuncias palabras, pero aún así, puedes contarnos parcas historias si dedicamos tiempo a contemplarte, pues bajo tu espeso ramaje, albergas nombres de parejas grabados en tu tronco, rasgando tu corteza. Corazones con una flecha, flechas muy importantes en una vida, etc.

¡Oh roble!, gran regalo de la naturaleza, pues además das frutos muy útiles a muchas personas en varias facetas, por eso te mereces la denominación de “ROBLE PARLANTE”, aunque no hables.

Gracias por tu aportación al ser humano, que muchos sigáis vivos hasta el fin de los años. Que generación tras generación siga teniendo gran aprecio por esos árboles de color verde oscuro y se cobijen a vuestra sombra, aunque vivan en la gran ciudad y os conozcan solo por los libros. Pero el pensamiento puede dar sensación de verdad y alivio al aire que se respira, pues así, dará mejor calidad de vida y más salud para todos. Por eso en unión desde aquí, muy alto te decimos, GRACIAS “ROBLE PARLANTE”.

Angelita Rea