Ochenta años hace que Ramón Rivero, apenas disimulado bajo el pseudónimo ‘Un Cronista de la Villa’ publicaba un canto a esta plaza central de la puebla antigua. El estilo inconfundible, la cadencia del verso, el imaginario local de referencia, no dejan de incitar nuestros sentimientos patrios a pesar de decididas diferencias de apreciación. Me parece interesante reproducir este soneto de hace ochenta años, para ofrecer a las generaciones de hoy un puñado de indicaciones que ayuden a mejor avalorar algunos rasgos heredados de nuestro común patrimonio. El soneto formaba parte de una serie de ‘Estampas maliayenses’ que publicaba el mismo autor en el semanario local Pan y Paz. El día 24 de febrero de 1926 sacaba Rivero Solares este soneto dedicado a este espacio de la zona noble. Esta vieja plazona, que sombrean las mansiones historiadas e insignes de Caveda y Posada. Valdés y Cavanilles, de Reguero y Estrada. -¡encarnaciones vivas de hidalgas tradiciones!- es la libre palestra donde los histriones que hasta la villa llegan en gaya cabalgata, hacen sus pantomimas, de una magia añejada, llena de ingenuidades y lirismos ramplones. También es el sagrado lugar donde María en la amarga semana de pasión y agonía, en que expira en el Gólgota su Jesús celestial, al conjuro emotivo de una voz milenaria, entre un luminar triste y rumor de plegaria, -¡Oh sermón del Encuentro!-, le da un beso inmortal. Apenas quedaba nada sin glosar: la memoria de los ilustrados con las Mansiones historiadas e insignes, el recuerdo populachero de Libre palestra para histriones, aquellos de ¡traigan sillas!, los momentos íntimos, profundamente vividos, de la creencia: ¡Oh sermón del Encuentro! Y englobándolo todo, el nombre: Libertad, sagrada palabra. Faltóle la gran palmera que la preside y da sentido, que creció, silente y decidida, dando sombra a la sede de aquella institución docente clausurada hoy, a la que se apresta a dar nuevo destino. ¡Plaza de la Libertad! Así la llamaré desde el corazón, que así la nombró el pueblo de Villaviciosa, despertado por las auras del credo liberal, cuando sustituyó el nombre de Plaza de Isabel II por el bello nombre de Plaza de la Libertad. Eso fue el día 3 de octubre de 1868. Lamentables demonios familiares trajeron otra denominación, nada acorde con los grandes fastos locales que en la plaza se desempeñan. El nombre de Libertad consagra un valor de convivencia y de crecimiento espiritual y social. Por todo ello abogamos por que se le restituya el nombre histórico de PLAZA DE LA LIBERTAD. Esa que cantó el Cronista de la Villa que se llamaba Ramón Rivero Solares.