Faustino Solares Ordieres, nacido en Argueru, Villaviciosa y tallador de azabache desde niño, nos cuenta, como ve perderse esta tradición en la memoria histórica de un pueblo que no sabe aprovechar sus recursos naturales. Texto y fotos; Esther Alonso. Tengo la convicción de que el azabache de Villaviciosa es el mejor del mundo y de que hay aun mucho azabache que extraer, llevo oyendo que se va ha acabar desde niño y el caso es que sigue habiendo, solo falta ponerse manos a la obra. Pero veo con desolación que es un oficio perdido, en el olvido, perdido porque de momento esta prohibido extraerlo, y si no hay mano de obra imposible que haya quien quiera aprender este oficio de tallador, el azabache no se trabaja de la misma forma que los demás minerales, y por tanto no se aprende en las escuelas. Aquí tuvimos una época muy buena de a mediados de los 70, que varios comerciantes cubanos y de Estados Unidos, venían a Villaviciosa es profeso para llevar piezas para sus joyerías, luego comenzó el embargo y aunque se siguió introduciendo durante algunos años, poco a poco se perdió el contacto mercantil. También vendimos muchísimo para Córdoba, donde hay una gran tradición de montar rosarios en plata de ley y azabache. Yo me acuerdo pagar el kilo a 10 Pts. ahora ronda las 30.000, del extraído de Oles, hay una zona que pertenece a un cónsul ingles, bueno a sus herederos ahora, en la que pagábamos un pequeño impuesto por que nos permitiese extraer, yo nunca fui “minero” me proveía Tomas Noval, hace pocos años la conserjería dio una subvención para extraer, pero lo que sacaron era muy malo por la poca profundidad a la que se excavó. Ahora mismo queda algo en Toledo y Andalucía, de lo que yo tenga conocimiento, Quinte, Quintueles, Oles. Pero lo que realmente nos esta matando es el turco, que lo introducen en España y venden como nacional, que no hay color. Cuando mi abuelo me enseñaba a mi a tallarlo tenia 12 o 14 mujeres tallando para el en sus casas, mi abuelo enseño a todos los que por aquí pasaron y quisieron aprender. La tierra conserva esta piedra sin cambio alguno, yo poseo piedras de tamaño considerable y mi modo de conservarlas es enterrarlas. Esa magia que se le atribuye al azabache viene un poco debida a que es una piedra con imán, antes era poco menos que un dios, les Murilles y les Cigües formaban parte de las creencias populares contra el mal de ojo. Entre todas las piezas importantes que conservo hay un rosario de bolas de 2 cm. De diámetro, con una cruz de 10 cm. que medirá puesto de pie 1,80 cm., hecho hace 35 años. Caras de Cristo más de 20, collares, horros, rosarios, etc. Tengo muchísimas piezas de las que no me quiero desprender, que guardan para mi importantes y entrañables recuerdos. Siempre se pidieron a Córdoba los casquillos de plata de las maninas y engarces para rosarios o collares pues allí hay mucha industria de este tipo. Recuerdo que nos lo enviaban por correo y no declarábamos el valor real para no pagar tanto de seguros, alguno se perdía, claro, que vamos ha hacer, seguir trabajando para recuperar la perdida. El azabache turco es de una calidad inferior al nuestro, y además no saben trabajarlo, pues lo pulen a maquina, lo que le mata el brillo negro dejándole un tono rojizo, mi hermana con solo tocarlo ya sabe si es turco o español. Trabajo varias formas de bolas, para collares o rosarios, para estos se usa la talla de 24 facetas o caras, y para collares se emplean las de 32 y 48 facetas, también llamada esta última talla inglesa, un rosario lleva 55 bolas de un espesor de 6 mm. aproximadamente Para comenzar a trabajar una bola hay que hacerle 8 caras de las que se sacaran las múltiples que necesitemos y el agujero se le hace con una varilla de paraguas de las de toda la vida, primero se introduce hasta la mitad por un lado y luego por el otro lado hasta enlazar con lo hecho anteriormente, evidentemente las 24, 32 o 48 caras se hacen a continuación dado que en el proceso del agujereado se rompen muchísimas bolas, una vez hechas las facetas se pulen en una piedra de grano con agua, faceta por faceta y después un cuero impregnado en el carbón para darle el característico color negro luego con un paño de sombrero mojado en alcohol rojo ingles e le da el último toque y lista para regalar. Para trabajarlo se usa una navaja barbera y con una lima se la matan los “ojos”, se hace un carbón con madera de pino y cuando quema, antes de que se haga ceniza, se saca para molerlo con una botella a modo de rodillo se rehidrata con agua y con una madeja de hilo y dos dedales puestos se va puliendo para que quede totalmente negro, luego con alcohol rojo ingles se termina dándole un lavado y queda la pieza lista para presentar.