FORJANDO LA ARMADURA

Me niego a someterme al miedo

que me despoja de la alegría de mi libertad,

que no me deja correr ningún riesgo,

que me torna pequeño y mezquino,

que me ata,

que no me deja ser directo y franco,

que me atormenta,

que ocupa negativamente mi imaginación,

que siempre pinta visiones sombrías.

Sin embargo, no quiero levantar trincheras por miedo al miedo,

Yo quiero vivir y no quiero encerrarme.

No quiero ser amigable por miedo de ser sincero.

Quiero pisar con firmeza porque estoy seguro

y no para cubrir mi miedo.

Y cuando me callo, quiero hacerlo por amor

y no por temor a las consecuencias de mis palabras.

No quiero creer en algo sólo por temor de no creer.

No quiero filosofar por el miedo a que algo pueda tocarme de cerca.

No quiero doblegarme solo porque tengo miedo de no ser amable.

No quiero imponer algo a los otros por miedo a que puedan imponerme algo a mí.

Por miedo a cometer errores, no quiero volverme inactivo.

No quiero huir hacia lo viejo, lo inaceptable

por temor a no sentirme seguro frente a lo nuevo.

No quiero hacerme el importante, porque sino tendría miedo de ser ignorado.

Por convicción y amor, quiero hacer lo que hago y dejar de hacer lo que dejo de hacer.

Quiero arrancar el dominio al miedo y dárselo al amor.

Y quiero creer en el reino que existe en mí.

 

Estoy muy preocupado,  alarmado, por el cariz que presenta nuestra realidad actual, cómo se están desarrollando los acontecimientos en todo el mundo.

 

Las señales que nos llegan no presagian nada bueno, al contrario, creo que ha llegado " la hora de la verdad".

 

Cuando una persona enferma de modo terminal, hace todo lo posible por eliminar la causa de su enfermedad, lucha con todas sus fuerzas por curarse, por hacer una limpieza física y mental de su cuerpo, de no hacerlo sabe que morirá pronto.  Así veo a nuestra civilización actual, a la humanidad en general, enferma, moribunda.  Pero lo trágico y dramático es que no tomamos la decisión de decir basta, de expulsar el mal, la causa que lo origina todo.

Algunas cosas se hacen bien, pero no consiguen movilizar las conciencias como para decir basta y cambiar el rumbo de los acontecimientos.

Nos están diciendo claramente que las nuevas tecnologías van a dejarnos sin empleo, que afectarán a nuestra salud y el medio ambiente, que los robots inteligentes suplantarán al hombre que puede quedar bajo su poder y control. Todo eso y mucho más, en un plazo de tiempo muy corto, de pocos años, tal vez 10 años y lo aceptamos con resignación, incomprensible.

El materialismo nos ha permitido alcanzar nuestro grado actual de conciencia e inteligencia, pero si no despertamos, si no salimos de esta ilusión, el hombre perecerá en ella.

Ha llegado la hora de la verdad, la vida espera de nuestra colaboración, somos responsables de nuestras decisiones y omisiones.  No hay que aceptar lo inevitable, debemos luchar por nuestros ideales y valores.

Como nunca antes, el planeta corre peligro de desaparecer, hemos nacido en un momento crucial de la historia y nos corresponde a todos nosotros actuar en consecuencia.  Está en nuestras manos la salud o la muerte de nuestra civilización tal y como la conocemos.  Si la vida tiene un sentido y propósito, no podemos silenciar nuestras conciencias y volver la espalda a la realidad.  Aquello que creemos se demuestra con los hechos.

No olvidemos esto:  A quien le gusta la guerra se perderá, pero quien olvida la guerra, está en peligro.

 

Nada tendrá valor si nos falta el coraje, disciplinemos la voluntad y busquemos el despertar interior.

No quiero terminar sin recordar estas palabra del sabio rabino Hil-lel: "No te separes de la comunidad, antes bien, trabaja y actúa dentro del conjunto de todos, ¿Pues qué soy si me quedo solo?

Por último me gustaría saber cuántos de ustedes empatizan con el siguiente poema:

"Solamente hay salud cuando en el alma humana cual espejo se refleja toda la comunidad, y en la comunidad vive la fuerza de cada alma individual"

 

Villaviciosa. Septiembre 2021