Redacción

En la media noche del miércoles al jueves nos dejaba Gonzalo Cerezo, periodista, escritor y político, a los 94 años de edad, víctima del coronavirus. Natural de Villaviciosa, donde había nacido en 1926, creció en Gijón y ha vivido la mayor parte de su tiempo en Madrid, donde ya acabó la carrera de periodismo en 1951. Aunque sus vínculos familiares con Villaviciosa se fueron diluyendo con el tiempo, todavía se mantenía el nexo a través de un hijo, Santiago, que sigue residiendo en el concejo.

Recordaba los festejos por la proclamación de la República que él vivió desde el balcón de la casa familiar encima de la Ferretería El Pasaje, que regentaba su padre, o la vida en la casa número 50 de El Ancho, adonde se trasladó poco después la familia antes de fijar definitivamente su residencia en Gijón.

Fue pregonero del Festival de la Manzana en 1987 y recibió entonces la Manzana de Plata de Villaviciosa. Padre de una decena de hijos, abuelo de una veintena de nietos y también bisabuelo, había quedado viudo en 2012. En 2016 reunió en Villaviciosa a toda su numerosa familia, dispersa por Europa y América, para celebrar su 90 cumpleaños.

Poco antes de la pasada Semana Santa, precisamente, pasó unos días entre nosotros en compañía de su hermano Maximino, conocido como el pintor de la Liberación, pues se hizo coincidir la inauguración de la muestra pictórica que organizó Cubera en su honor con el cartel de la Semana Santa elaborado por el propio Mino.

Xuan Pedrayes publicaba poco después en Friuz (nº 10) una interesante entrevista con este periodista que vivió de primera mano el renacimiento de la España de la posguerra. Gonzalo Cerezo fue Jefe de prensa del Gobernador Civil de Asturias en la década de los 50 y co-autor, con el mismo gobernador Francisco Labadie Otermín, del libro La hora de Asturias, premio nacional al mejor libro del año en 1956. Una obra en la que toma cuerpo un pensamiento político joseantoniano del que Gonzalo nunca renegó y que, con la distancia del tiempo y apartándose de prejuicios ideológicos simplistas, historiadores actuales reconocen como el comienzo de una modernidad que, entre luces y sombras, es la madre de la sociedad en la que ahora vivimos.

El alcalde de Villaviciosa, Alejandro Vega, transmitió ayer su pésame a la familia Cerezo en nombre de la Corporación municipal, haciendo "reconocimiento expreso a la vida de un villaviciosino que destacó por su dedicación al periodismo, la cultura y como servidor público".

 

 

Gonzalo Cerezo con su hermano Mino, durante la visita al Museo de la Semana Santa que realizaban en octubre de 2018, cuando estuvieron en Villaviciosa para la presentación del Cuaderno CUBERA sobre la obra del pintor y misionero Mino Cerezo

 

Gonzalo Cerezo con su hermano Mino. El nombre de ambos figuraba en el libro de cofrades nazarenos, todavía en los años 60.

 

Gonzalo con su hijo Santiago durante un recorrido en lancha por la ría de Villaviciosa durante este último verano.

 

 

 

EN CAMINO (Gonzalo Cerezo Barredo)

 

Nel mezzo del cammin

di nostra vita...

Dante

 

I

Se ponen en camino.

Vienen

de todas partes.

Parten de cualquier sitio

y todos buscan.

Solos o en compañía.

Recorren el camino...

Y así desde hace siglos,

muchos siglos.

Europa nació así,

al borde

de todos los caminos recorridos.

Ya no es así. Ahora

llegan desde los cuatro puntos

cardinales

del mundo, que se ha hecho

más ancho y más estrecho

¡qué pura paradoja!, ¿no?

¡Más grande y más pequeño!

Sí. Ha cambiado:

más largo en las distancias

y más corto en el tiempo.

Y, sin embargo,

mientras la prisa agobia a tanta

gente,

son muchos los que buscan

ganar andando al tiempo.

No hay manera de hacerlo de

otro modo

si se quiere viajar hacia el

encuentro

que solo espera dentro,

donde está lo que fuimos,

alma adentro.

Se hace camino al andar,

decía Machado.

Algunos no lo saben al comenzar

pero el camino es eso:

uno mismo,

buscar aquel que fui

y ahora no encuentro.

Santiago nos espera.

Pero en medio,

está Güemes.    .

Fin de etapa y comienzo.

Es lo normal, se dice,

cuando una etapa acaba otra

comienza...

Otra la sigue, pero no.

En Güemes, nada sigue,

ya nada será igual,

todo es puro comienzo.

 

II

Se hace camino al andar dice el

poeta.

Y al amar. Y al cantar. Y al arar.

Camino son los surcos y los "ríos

que van a dar a la mar que es el

morir"...

Poco a poco, paso a paso,

llegas un día a Santiago, pero...

Santiago no es el final.

Solo es comienzo.

Cuando llegas

te pones de nuevo a andar.

Pero esta vez tú no sabes

a dónde el camino va.

Porque ya no eres el mismo,

peregrino. Tampoco el mismo

camino

que empiezas a caminar.

 

III

Solo tú. Solo tú sabes

peregrino qué esperabas,

qué buscabas. Qué pensabas

encontrar. Tal vez paz. Tal vez

consuelo.

Tal vez luz que atravesara

esa oscura oscuridad.

Tal vez tan solo a ti mismo.

¿A Dios quizá? No. No lo

sabes...

Dios no, porque Dios todo el

camino

acompañándote va.

Ojalá vuelvas con todo

lo que viniste a buscar.

El Camino empieza ahora,

peregrino.

Santiago solo es principio.

Santiago no es el final.

 

 

Madrid. Agosto/octubre, 2018

(Después de contemplar en Güemes los murales pintados por Mino en la hospedería de ese pueblo, en el camino costero de Santiago).

 

 

 

Gonzalo Cerezo  en Güemes, Cantabria A su lado está el responsable del albergue donde escribió el poema, el sacerdote Ernesto Bustio, cuyos lazos de amistad con Mino Cerezo le permite contar con una sala decorada con un conjunto de murales que simbolizan el camino de la vida y acoge a peregrinos de todas las religiones.