'Con todo mi amor para Sofía Pazzi De Yñigo'– Carta de Meli Castiello
Sofi lo primero que tengo que hacer es darle las gracias a la vida y como no a tus padres por haberme concedido la gran suerte de ser la compañera de viaje de tus dos últimos años escolares. Al poquito de conocerte a los muy poquitos días me di cuenta de que el estar contigo era muchísimo más que un trabajo, era felicidad, aprendizaje, alegría, ilusión, experiencias únicas que viví contigo, no se explicarlo. Para mí era un regalo, un regalo lleno de magia, regalo que por desgracia de todos fue corto, pero muy muy intenso.
Sofi, he aprendido tanto de ti, una niña luchadora, valiente, buena, cariñosa, que me confirma que el amor y cariño no tiene límites y mucho menos limitaciones, y que la fuerza no se va basa ni en palabras ni pasos sino en la sonrisa y en la mirada. Tu mirada Sofi, con esa capacidad de dar tanto tanto amor. Mi pequeña estrella ahora mismo ya no te tengo, pero te prometo que jamás te iras de mi lado, te buscaré en los saltos con el coche en los badenes y en los baches de la autopista que tanto te gustaban, los cuales te sacaban una enorme sonrisa. Esos baches, nuestros llamados trucutrun.
También te buscaré en los rayinos de sol que entraban por tu ventanilla, en las luces de los túneles y como no, te buscaré en el curullu, que eso es nuestro secreto, algo hermoso pero secreto, eso se quedará solo en aquellos que lo vivimos contigo. Te buscare en la atención que le ponías a Javi, que no paraba de hablarte, contarte cosas, provocarte y relatarte cualquier cosa que veíamos por el camino y tantas sonrisas que lograba sacar de ti. También te buscare en la carina de paz que ponías a Gabi cuando te hablaba con aquella ternura y te ponía el cinturón del coche con tanto tacto y cuidado, como si se lo pusiera a una pluma, junto cuando te ponía el tono de llamada de su móvil que tanto te divertía.
Son tantas cosas Sofi, que es imposible expresarlo todo en un papel, hay que vivirlo. Conmigo no me quiero extender, solo que fuiste tan brillante que cambiaste mi vida para siempre, fue una maravilla abrazarte, hacerte cosquillas, provocarte, darte algún besin y aportarte felicidad, cosa que creo que conseguí. Para terminar, te doy todas las gracias del mundo, por tanto, y aunque ahora tengo rotito el corazón, repetiría nuestra historia una y mil veces más. Te juro y prometo cariño que te querré toda mi vida.
Hasta siempre, dulce Sofía.
Meli Castiello González